Mirar y tocar los pliegues y la carne, sentir todo
como si de verdad esto existiera, como si aquella boca
de corrupción no sólo hablara puto silencio.
Mientras tanto una mujer de pelo rizado y rubio,
de ojos negros y pupilas inquietas te mira desde la ventana
con cara y gesto de marginal y se siente muy desnuda.
Desnuda para ti, quiere enseñártelo todo, de fuera hacia dentro,
es algo semejante al caos, pero si tú no quieres buscará nuevos
horizontes.
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