miércoles, 27 de octubre de 2010

Zapatos vomitados, frío que cala los huesos,
y demasiado alcohol en sangre,cráneo palpitante
y órganos ardientes ,la idea de que hoy no ibas a traspasar mi cuerpo
con tus clavos era cada vez más evidente,
en la habitación el aire no era como siempre,
esta vez era afixiante y me di cuenta de que en cualquier
momento podría retorcer el metal del picaporte de la puerta, ese aire
de luz oscura traspasaba mis pulmones, hacía que hasta el último poro
de mi piel se convirtiera en polvo, me recosté en la cama creyendo
que eso me aliviaría, en un instante mi cabeza se convirtió en ausencia
angustiosa y negra. Conseguí dispersar un poco el metal que contenían
mis entrañas pero todavía sigo sintiendo el alambre de espino que quema, esas
heridas persistentes de las que no puedo desengancharme.

2 comentarios:

  1. Siempre nos enganchamos de lo que nos duele,así somos los seres humanos..

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  2. hasta del alambre hay que disfrutar, y de lo que pincha...
    Yo también soy de Albacete.
    ;)

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